Chile pidió ayuda al espionaje de EE UU frente a los mapuches
"He sufrido más por ser indígena que por mujer"
Esta ecuatoriana tiene 50 años, es la mayor de ocho hermanos de una familia de campesinos y nunca ha escondido su origen. Luce desde la niñez la vestimenta característica de los indígenas, que no cambió cuando fue elegida diputada, vicepresidenta del Parlamento y, más tarde, ministra de Exteriores, en 2003, hasta que los indígenas rompieron con el presidente Lucio Gutiérrez. "Le temblaron las piernas para aplicar políticas proindígenas", precisa.
Chile, balance opositor 2010
la presencia en los medios de comunicación, la capacidad de organizar robustos movimientos sociales y, desde luego una estrategia compartida por los partidos políticos de oposición en el poder legislativo.
Al mirar en retrospectiva este primer año, debemos admitir que las fuerzas opositoras no han cosechado éxitos en ninguno de los ámbitos señalados.
Más bien ha ocurrido lo contrario, pues hasta el presente no han logrado siquiera acuerdos legislativos básicos para enfrentar a la derecha. Esta fuerte degradación de los partidos y personeros de oposición ha permitido el despliegue de las políticas de gobierno con muy escasa resistencia.
A lo anterior se suma un astuto manejo de las coyunturas mediáticas y una movilización social en estado de hibernación. Con todo, la alianza en el gobierno no ha estado exenta de tensiones derivadas del excesivo personalismo de la figura presidencial y del escaso papel de los partidos políticos que la constituyen. Asimismo, han surgido algunas voces críticas en el gobierno que reclaman una mayor participación en las delicadas decisiones del Ejecutivo y una preocupación por la proyección política de largo plazo del sector.
El próximo año se prevé como un periodo de febril actividad política, pues, tal como ha anunciado el propio presidente, señor Piñera, el próximo año se propone una serie de reformas estructurales en cuestiones tan sensibles para el país como el sector educación y salud.
Si los partidos de oposición no enmiendan su rumbo, es altamente probable que la derecha imponga su agenda privatizadora sin mayores problemas, utilizando para ello todo el camino ya pavimentado por los gobiernos concertacionistas durante dos décadas.
El balance opositor 2010 arroja un resultado paupérrimo. Si bien este ha sido un año anómalo en muchos sentidos, ello no excusa la responsabilidad de quienes conducen la política opositora. Tras la derrota electoral a principios de año, los partidos y figuras que componen esa ala del espectro político no han sido capaces de plantear una estrategia razonable, para no hablar de un proyecto, capaz de enfrentar la arremetida neoliberal en el gobierno.
Todo ello no presagia nada bueno en las próximas confrontaciones electorales y augura una travesía por el desierto más prolongada de lo que se pensó inicialmente.
* Semiólogo, investigador y docente de la Escuela Latinoamericana de Postgrados. Universidad de Artes y Ciencias (ARCIS), Chile
Raúl Castro: no habrá retroceso en el impulso a la microempresa privada y el autoempleo
En su discurso ante el parlamento el sábado, el mandatario razonó que, si ya hay una política que incluye esas formas de empleo privado, debe facilitarse su desempeño "y no generar estigmas ni prejuicios hacia ellos y para eso es fundamental modificar la apreciación negativa existente en no pocos de nosotros hacia esta forma de trabajo privado".
El mensaje tiene largo alcance, pues el gobierno cubano ha mantenido durante décadas una política contradictoria en la materia, que ha provocado escepticismo en la población. Los pequeños negocios subsistieron tras el triunfo de la revolución de 1959, pero fueron eliminados casi por completo en un giro radical en 1968 –la "ofensiva revolucionaria"–, que pasó la operación económica al Estado, con excepción de un sector agrícola privado y una parte del transporte.
Desde 1986, merma de particulares
Entre finales de los años 70 y principios de los 80, los particulares volvieron a tener algo más de espacio en los servicios urbanos y se abrieron los mercados agrícolas de libre oferta y demanda, pero otro golpe de timón, esta vez contra "errores y tendencias negativas", volvió a reducir ese sector a partir de 1986.
La crisis surgida tras el derrumbe soviético abrió las puertas, una vez más, al "trabajo por cuenta propia" (TCP), como una forma de reactivar la economía. Pero apenas se recuperó el crecimiento, desde finales de los 90 los privados volvieron a declinar con el congelamiento de nuevas licencias, la escasez de insumos legales, la dureza de las reglamentaciones y un discurso oficial de descalificaciones.
En 2004, dentro de una política que volvía a reforzar el control estatal, el gobierno canceló la expedición de licencias para 40 giros de TCP, impuso revisiones anuales a los que seguían operando y endureció la retórica. El entonces presidente Fidel Castro atacó con fuerza al sector, al que llamó "los nuevos ricos".
En este último periodo, en su mejor momento, en 1995, los autoempleados o microempresarios llegaron a ser 210 mil y a finales del año pasado eran 143 mil. Pero bajo la nueva legislación, otros 46 mil 800 fueron autorizados a iniciar su negocio en los últimos dos meses, según informes oficiales.
La ministra de Finanzas y Precios, Lina Pedraza, estimó ante el parlamento que en unos cinco años se sumarán al sector privado un millón 800 mil personas, lo que sumado a los 189 mil TCP autorizados y a los más de 600 mil pequeños propietarios y cooperativistas agrícolas, formarían un conglomerado superior a dos millones y medio de trabajadores no estatales.
Aunque sólo es una proyección, es notable el espacio que se espera que ocupen los privados en el futuro inmediato de Cuba, si se toma en cuenta que la población económicamente activa en 2009 era de 5 millones 158 mil personas y está declinando.El sábado en la tribuna, Castro defendió enérgicamente ese horizonte. "Los clásicos del marxismo leninismo", dijo el presidente cubano, definieron que el Estado sería propietario de los medios básicos de producción. "Nosotros absolutizamos ese principio y pasamos a propiedad estatal casi toda la actividad económica del país. Los pasos que hemos dado y daremos en la ampliación y flexibilización del trabajo por cuenta propia, son el fruto de profundas meditaciones y análisis y podemos asegurar que esta vez no habrá retroceso".
Castro defendió la construcción de un modelo económico propio. "Es una lección histórica que hemos aprendido muy bien", añadió, evocando la época en la que se trasplantaron a la isla fórmulas soviéticas. "No pensamos volver a copiar de nadie, bastantes problemas nos trajo hacerlo y además copiamos mal; aunque no ignoramos las experiencias de otros y aprendemos de ellas, incluyendo las positivas de los capitalistas".
Reconoció que aún son insuficientes los estímulos al campo, para eliminar "las trabas existentes para potenciar las fuerzas productivas", por lo que anunció una ampliación del área de tierras ociosas que se puede entregar en usufructo a los particulares y que ahora tiene un límite máximo de 13.42 hectáreas por solicitante sin parcela. Los ya propietarios pueden aumentar hasta las 40.26 hectáreas.
Sin embargo, Castro ratificó que la forma de posesión seguirá siendo en usufructo, no en propiedad, y el terreno puede revertirse en favor del Estado en cualquier momento, con una indemnización.
Corresponsal periódico La Jornada en Cuba
Argentina: Xenofobia, discriminación y genocidio silencioso
Se rasgan las vestiduras, se cubren al estilo bíblico la cabeza con cenizas, (a falta de cenizas, con palabras y tinta impresa, vaciadas de contenido) y claman a los cuatro vientos las barbaridades xenofóbicas del Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, sobre los bolivianos, peruanos y paraguayos, a quienes les achacan los males de la ciudad y ser los ocupa de Villa Soldati.
Hay que buscar culpables externos para tapar las culpas propias, es mucho más cómodo. Bien dice el Evangelio: “antes de ver la paja en el ojo ajeno, mira la viga que tienes en el tuyo”
Los vecinos del parque Indo-Americano después de largos años de esfuerzo lograron tener sus viviendas. Hoy están enfrentados a los okupa y reclaman que los envíen de vuelta a sus países, discriminando y rechazando a otros pobres, muchos de ellos del interior del país, campesinos e indígenas que fueron expulsados de sus tierras y llegaron a la gran ciudad en búsqueda de mejores condiciones de vida.
En éste conflicto no faltan los delincuentes, que aprovechándose de la necesidad de los pobres por tener una vivienda, les vendieron tierras públicas. No faltaron los punteros políticos que manipulan las necesidades de la gente.
La toma de tierra en el Club Albariño, vuelve a los enfrentamientos entre vecinos y okupas y se suman otras en diversos partes de la ciudad, como en las vías del ferrocarril en Retiro, con el peligro que lleva la proximidad a las vías.
En ésta maravillosa y sufrida Argentina, de 40 millones de habitantes, según el reciente censo nacional, con un extenso y rico territorio, no tendría que haber problemas de viviendas y debería haber trabajo para una vida digna.
La concentración del poder y recursos de los cuales se están apropiando empresas extranjeras y empresarios inescrupulosos apoyados por el gobierno nacional y los gobernadores, acumulan más y más territorio a costa de los que menos tienen y les quitan lo poco que les queda, como a los pueblos originarios que sufren la discriminación y contra quienes se comete un genocidio silencioso. Toda esa explotación se realiza con total y absoluta impunidad.
Llegan noticias del Chaco, mueren de hambre y desnutrición los indígenas, y apenas son noticia en la agenda oficial.
En Formosa, el caso de la Comunidad Primavera del los Qom, algunos representantes están en Buenos Aires, reclamando sus derechos, no los escuchan, no quieren verlos, los tratan como “no personas”. El gobernador de Formosa explota y discrimina, es responsable de los asesinatos y xenofobia contra los pueblos originarios, lo mismo ocurre en Salta, Jujuy, Tucumán. El gobierno nacional guarda silencio cuando son sus aliados. Es hora que despierte a la realidad que vive el país y tome decisiones concretas.
En Misiones las noticias son trágicas. La muerte por hambre, desnutrición, destrucción de la biodiversidad, no son noticia para los grandes medios, ni para el gobierno. Un neonazi, Biondini, apoya a Macri, el escritor Marcos Aguinis, reclama mano dura para poner fin a los conflictos, no para resolverlos con justicia.
En pocos días los cristianos celebraremos la Navidad; cada uno desde su comprensión y creencia. Es necesario reflexionar, pensar y actuar. Debemos aprender a compartir el pan que alimenta el cuerpo y el espíritu, la necesidad que en cada hogar de la Patria Grande, de nuestra América mestiza, podamos superar y desterrar la xenofobia, la intolerancia, la discriminación.
Debemos derribar los muros que nos dividen, separan y enfrentan. Sabemos que los muros más duros de derribar son los que tenemos en la mente y el corazón. Los problemas que vive el país no se resuelven con más policías, y la llamada “seguridad”. Los desafíos son grandes y es necesaria mucha serenidad y sabiduría para saber por donde caminar.
La presidenta de la Nación, Cristina sabe que la seguridad está en que no se mueran niños de hambre, que se respete el derecho de los pueblos, que los necesitados puedan acceder a una vivienda justa. No esperemos que el gobierno de solución a todos los problemas, es necesaria la solidaridad entre nuestro pueblo, de empresarios, iglesias, organizaciones sociales.
Es cierto que existen desde el gobierno planes de viviendas populares, por ayuda mutua y esfuerzo propio, con la participación de diversos sectores sociales. Es necesario tener presente que el problema es estructural y social, que la demanda va a crecer y si no se toman medidas y políticas públicas, tanto a escala nacional como provinciales y se reclaman a los gobernadores conductas y proyectos coherentes con el bien del pueblo, los conflictos se van a agudizar. Se debe parar la expropiación de tierras y expulsión de los pobladores, se necesitan proyectos coherentes y créditos para su desarrollo.
Muchos en el país y el continente luchamos y compartimos la esperanza en los caminos de liberación. Como decía el Che: “hay que ser duro como el acero, sin perder la ternura” hasta derribar las fronteras que nos impusieron para dividir a los pueblos y lograr recuperar la soberanía.
Aquellos que discriminan, implantan la xenofobia y la discriminación, son esclavos de si mismos y del sistema de dominación; les falta dignidad y grandeza de reconocer al otro y a la otra como un igual y con los mismos derechos en la Patria Grande.
*Premio Nobel de la Paz 1980.
Fuente original: http://www.surysur.net/?q=node/15391
Escrito por: Adolfo Pérez Esquivel
Cuba regaló noche de arte a refugiados saharauís
El trío musical "Dinoh" y tres parejas de baile del Conjunto Folclórico Nacional de Cuba, entregaron una noche artística a los refugiados en presencia de la ministra de Cultura saharaui y miembro del secretariado del Frente Polisario, Jadiya Hamdi.
La iniciativa cumplió con el propósito de "calentar el fuerte invierno" y "revitalizar las esperanzas" de los saharauis presos de las agresiones de las autoridades de Marruecos que intentan expandir sus dominios en el Sahara Occidental.
"Fue la mejor noche de mi vida que he pasado en este desierto", expresó a medios de comunicación Mohamed Abdullah, graduado en Geología tras cursar estudios en la isla antillana de 1989 a 2004.
Los refugiados corearon y bailaron temas tradicionales típicos de Cuba como Saoco, La vida es un carnaval o Guantanamera, gracias a que buena parte de ellos estudiaron durante años en la isla caribeña.
El espectáculo estuvo rodeado por dos grandes banderas de Cuba y de Sahara Occidental que fueron enarboladas junto a las imágenes de los cinco héroes antiterroristas antillanos prisioneros en cárceles estadounidenses desde hace más de doce años.
Además de los artistas cubanos, la noche estuvo amenizada por un conjunto del campamento saharaui que interpretó canciones y danzas locales.
En el vientre de la Tierra

Chile tiene el compromiso de regresar con vida a 33 mineros atrapados a 700 metros de profundidad en el yacimiento San José. La tragedia de Atacama es sólo una de las evidencias más frescas del prontuario de desigualdades que constituyen las relaciones laborales en el país. Este agrio episodio de la historia minera sin embargo oculta la coexistencia con otro sistema de producción aún más precario y artesanal que el de la mina San José. Ese capítulo lo escriben centenares de mineros desechados por la cadena productiva de la gran y mediana minería. Se trata de hombres sencillos, que sin rendirse a la desidia del modelo laboral, a diario arrancan con sus manos el “sueldo de Chile”, metidos en estrechos pasajes subterráneos del desierto. Son los pirquineros de Atacama.
Carlos Pastén, 53 años, es uno de ellos. Hombre amable, al que apodan “El Chino”, viene de hacer estallar explosivos en el pirquén que trabaja en La Quebrada II, una mina de 150 metros de profundidad en las afueras de Copiapó. Día a día, junto a un par de avezados mineros, rasga el vientre del desierto a punta de dinamita y picota. Con su lámpara de carburo todavía encendida, asoma desde el fondo del pirquén usando una rudimentaria escalera. Su rostro -manchado por trazos blanquecinos-, no oculta la sencillez con que se dibuja una sonrisa. “Pastén, para servirle”, dice extendiendo su mano polvorienta.
Guiado por él descendemos unos 35 metros en el pirquén. El olor a pólvora pareciera que brota desde sus entrañas rocosas. “A mis años ya no me dan trabajo como minero. Lo único que me queda es trabajar como pirquinero”, dice mientras nos instruye sobre dónde colocar el pie para descender sin riesgo. “¡No se suelte de la guía! Bien afirmadito, nomás, mijo”, va repitiendo.
Ya metidos en un primer “caserón”, tenuemente alumbrado por su lámpara de carburo, Pastén señala un macizo rocoso que hace de sostén de placas interiores, al que llaman “cogote”. “Si yo le meto a eso, claro, obtengo cobre, pero el cerro se me viene encima y me muero aquí mismo”, explica.
El pirquinero suspira. Con la visión ya acostumbrada a la semipenumbra, conseguimos ver la tibia entraña del desierto. Allí están en bruto el cobre, el sueldo de Chile; también el oro, el hierro (el “oro maricón”, como le llaman). El olor a pólvora va desapareciendo y la tierra recobra su perfume más íntimo. El viejo pirquinero, recobra el aliento. “Nosotros no vamos sacando todo el mineral, como hacen en las minas grandes. Los pirquineros tenemos una relación distinta con la Tierra. De respeto, como los mapuches”, ejemplifica.
Celo fiscalizador
Como “El Chino” Pastén, muchos mineros veteranos trabajan de manera independiente en la extracción de cobre, hierro y también oro en pequeños yacimientos o pirquenes enquistados en los cerros de la árida geografía atacameña. Pese a lo rudimentario de sus recursos, aportan una respetable cantidad del mineral que Chile exporta y generan trabajo para unos 2.500 hombres de la zona. “Enami (Empresa Nacional de Minería) compra el mineral a los pequeños productores. Sin embargo, para conseguir una tonelada en un pirquén, los ‘viejos’ deben trabajar muy duro. Ganan un porcentaje, más o menos el 10 por ciento, por su trabajo”, explica Ignacio Nazar, dirigente del Sindicato de Pirquineros de Atacama.
De 46 años, Nazar también trabaja una mina en las cercanías de Copiapó, una de las casi 800 faenas de extracción de cobre de la pequeña minería en Atacama. Arrendó un yacimiento y comenzó a explotarlo hace unos quince años. Al inicio dio trabajo a otros cuatro pirquineros, pero el negocio se puso malo por la caída en el precio del metal y la falta de capital para resistir.
“Ya no puedo trabajar esa mina. No tengo plata para costear la maquinaria y los salarios de los viejos. Por eso, ahora sólo me dedico a pirquinero”, relata mientras recorremos el oscuro socavón de su yacimiento, hoy inactivo.
“El Chino” Pastén también lucha contra ese destino. Consciente de lo ocurrido en la mina San José, teme que la autoridad clausure su pirquén. La fiscalización aumentó luego del derrumbe que tiene atrapados a los 33 mineros. La casi nula fiscalización que existía antes del derrumbe cambió radicalmente, y la mala fortuna golpea ahora a los pirquineros. El celo que no se tuvo para evitar la tragedia de la mina San José, hoy les quita su trabajo. “Por lo ocurrido en la mina San José muchas faenas están siendo clausuradas por inseguras, y los viejos tampoco tienen recursos para invertir y hacerlas seguras. ¡Menos para pagar las multas!”, explica Ignacio Nazar.
“Son más seguras”
Cerca de tres mil hombres trabajan en pequeños piques escondidos entre los recovecos montañosos de la región. Solitarios pirquineros que se sumergen en las profundidades de la Tierra a la siga de cobre y oro. Viejos “zorros mineros” del desierto de Atacama que buscan el sustento poniendo en riesgo sus propias vidas. El lema es sobrevivir, al precio que sea.
La venta del mineral debe ser intermediada por pirquineros establecidos, lo que hace que vendan a precios más bajos y con un porcentaje de castigo cercano al 8 por ciento. Deben redoblar esfuerzos para obtener una ganancia que permita vivir. Pese a que entidades como la Mutual de Seguridad, de la Cámara Chilena de la Construcción, estiman altos los índices de accidentes en la pequeña minería, los dirigentes de los pirquineros hacen otra lectura. Ignacio Nazar explica que pese a las precarias condiciones de seguridad, en los pirquenes se registran menos accidentes que en la mediana y en la gran minería. “Nuestra actividad es la más segura de todas. Además, nosotros dejamos la platita en la región”, afirma el presidente de la Asociación Minera de Copiapó, Eduardo Catalano.
La explicación de una presunta mayor seguridad en los pirquenes responde a una lógica extractiva distinta a la que se aplica en la mediana y gran minería, dicen los pirquineros. Arrojados de las grandes faenas por problemas de la visión, sordera -causada por el uso de explosivos- mutilaciones y silicosis -que destruye sus pulmones-, el trabajo subterráneo del pirquinero se hace con respeto y amor por la Tierra. “Queremos el mineral para vivir, a diferencia de las grandes empresas que sólo buscan acumular ganancias. Por eso, pasó lo que pasó en la mina San José”, reflexiona Pastén.
“Muchas minas están abandonadas, pero cuando los pirquineros se meten en ellas, la autoridad los saca. De existir una regulación, esto podría cambiar. Ya se han dado algunos pasos para conseguir mayores niveles de seguridad, pero también falta previsión social para los pirquineros y sus familias”, dice Ignacio Nazar.
El cobre nuestro
de cada día
Juan Araya es un pirquinero de 72 años. En la ladera de un cerro lo vimos escarbando las piedrecillas con un trozo de metal, al que llaman “gallina”. Va seleccionando y cargando un balde de plástico. Cada hallazgo será señal suficiente de que en ese jirón de loma desértica, hay metal esperando a su descubridor.
“Yo voy por los cerros buscando -explica-. Si encuentro algo, ya sé dónde tengo que seguir explorando. Así decido dónde me quedo trabajando”, dice sin dejar de hurgar entre las piedrecillas verdosas y negras.
Alejandro Ramírez, de 57 años, lleva 40 años metido en los pirquenes. De esto saben sus pulmones y sus manos callosas. Un polvo gris que levanta un soplo de viento, viene colándose por la quebrada. Ramírez, “El Yamaha”, camina con paso seguro. Bajo un toldo artesanal se sacude las manos y enciende el generador que tirará la guía metálica montada sobre la “pata de cabra”. El estampido de la máquina retumba entre las lomas. Tirado por un arcaico sistema de poleas, un carro de acero comienza a asomarse en la boca del pique, cargado con una tonelada de piedras.
Aladino Olivares, de 58 años, y su compañero Liberato Lara, de 72, dialogan unos metros más allá, mientras el viejo Ricardo Contreras, pirquinero desde los 15 años, va distinguiendo entre las piedras cuáles traen cobre de mejor ley. Pero algo ocurre.
Es mediodía y el sol reseca los cerros de Atacama. El carro de casi dos toneladas descarrila y la carga queda a mitad de camino. “¡Se levantó el huevón!”, rezonga “El Yamaha”, mientras los otros proponen soluciones. Un listón de acero y un largo y pesado tronco de eucalipto poco ayudan. Tras varios intentos, “El Yamaha” desciende por la guía y sin éxito hace palanca con un fierro. El carro se niega a seguir subiendo para salir del pirquén. El pique eructa un aroma a metal casi con el mismo desgano con que la mina San José se niega a devolver a los 33 obreros. Como éstos, los pirquineros de Atacama deciden no rendirse. A dos metros de profundidad, montado sobre el carro atascado, “El Yamaha” irá llenado con sus propias manos el balde que sube y baja. Tardará unas cuantas horas en salvar la tonelada de piedras con las mismas manos que a diario llevan el pan a su casa.
MARCELO GARAY VERGARA
(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 719, 1º de octubre, 2010)
punto@interaccess.cl
www.puntofinal.cl
www.pf-memoriahistorica.org